Un simple saludo y un emoticón.

Era esa conversación en su teléfono inteligente, o quizá su misma inteligencia que lo traicionaba. Se sumaba ese olor a descomposición que despiden las mentiras nerviosas y para abonar a la conjetura, la incomoda brisa de las verdades a medias.

unsaludoyunemoticon

No quiso volver a explicarle porque le pedía que no borrara esa conversación, intuyó con ciega confianza que el amor era la más grande e inquebrantable fuerza, y que a pesar de los desvaríos, nada podría pasar de un simple saludo y un emoticon.

Dudar siempre será perder; y casi llegando a los noventa minutos de juego, dudar, significaba perder todo. Tarea difícil de recuperar o remontar, no imposible, pero si tediosa y dolorosa. Nadie iba a volver a ello. Él menos.

Al llegar, la taquilla estaba llena, los espectadores siempre quieren tener la mejor posición para devorar y alimentarse de fantasías multicolor en tercera dimensión y en sonido surround “Dolby Digital.”

Meditándolo fríamente minutos después, calculo que su esfuerzo, entre el tiempo, restando los enojos, sumando los buenos momentos y multiplicándolo por las hora diarias al lado de ella, arrojaban un sólido resultado de esperanza y felicidad, aunque la operación tenia datos no tan confiables, la falta de alarma no fue por haberla inadvertido, si no por dejarla pasar conscientemente.

Era la última función en el complejo de cines, y había sido una semana capaz de ser bautizada como la última, la más compleja, y al revisar la hora, en su ahora teléfono no tan inteligente, eran menos las ganas de desconfiar. El hambre y los nervios en cambio, sabían que era la hora perfecta para pensar lo contrario.

Dentro del pasillo, los sonidos se entremezclaban al caminar para llegar a la sala sentenciada, era poca o nula la identificación de la voz de un héroe en la película en la sala uno, aunque parecía tener un diálogo muy fluído con el villano de la otra película en la sala adyacente. Los mensajes cruzados no son fáciles de entender, pero si de mal interpretar aunque en la mayoría de los casos, ni siquiera hacemos el esfuerzo por entenderlos.

Los pasos guiados solo por pequeñas e itermitentes luces de color morado fluorescente, no deberían ser objeto de tanta fascinación de parte de nadie,  irónicamente, ella parecía gozar al poner cada pié en paralelo con ellas; como si caminase sobre una cuerda floja a miles de metros de altura sobre el suelo, con el corazón a ritmo de un redoblante y la cabeza llena de aire para mantener el equilibrio.

Seguramente la selección artística y el criterio cinematográfico se habían tomado un descanso ese día, y la decisión fue tomada por simple conveniencia o azahar para tener un momento de tranquilidad dentro de ese ajetreo autoinflingido tan cotidiano de ambos. En los planes de él, tampoco figuraba disfrutar la película, más bien, disfrutarla a ella, tarea que a medida corría el tiempo y que aquella conversación se perdía en los confines digitales de su smartphone, parecía más difícil.

Las mentiras pueden llegar a ser más largas que una mala película de acción con hermosas actrices y vehículos de alta tecnología. Incluso más largas que toda una franquicia de 8 películas consecutivas. Y mala no por las ganancias o los beneficios, si no por atroces e insípidos actos que no concuerdan o no parece que siguieran una historia o un guión.

Fue inevitable ver los avances y los trailers, y esa vez las abruptas explosiones de granos de maíz  se extinguieron incluso antes de los créditos iniciales, la incertidumbre mezclada con la imaginación provocan más apetito que muchos suplementos en el mercado, seguramente cuando puedan embotellarlos será un hit comercial.

La película no era de terror, ni siquiera de suspenso, quiza la parte más escalofriante era tragarse la hora y media de burla a las leyes de la física y destreza humana, o escuchar al comentarista invitado en la sala que venía por tercera vez con un grupo de amigos diferentes.

Pero en él, y en esa sala de cine, no tardo en esparcirse como virus el miedo, el espanto y la angustia, cuando aquella pantalla se volvió a iluminar y una vibración en el bolsillo presagiaba un beso y un corazón, en la misma conversación del saludo,…  y aquel emoticón.

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