Luna Preñada

Lunapre ¡Qué acontecimiento, qué sorpresa, qué escándalo!

 El sol, sorpresa, Mercurio, meditabundo, Venus, venerando, y  la tierra,… tiznada por la culpa.

 ¿Qué paso? ¿Cómo fue? Los planetas murmuraban, se  preguntaban, se miraban y los veían en la distancia estelar.

– Pero que sinvergüenzas – Comentaba a lo lejos desde su imponente figura Júpiter. – Jamás le haría eso a ninguno de mis satélites.

Pero a Jupiter lo envolvía la envidía, en el fondo, jamás podría, era estéril.

– Por eso nunca me he acercado tanto a esos dos, que desfachatez, que sin sentido, ¿Quiénes se creen que son? ¿Qué se cree ella? Tan minúscula, tan mínima y ahora, ¡Embarazada! Y pensar que la vía láctea era una barrio refinado, pero quizá por eso están detrás del cinturón, y por eso… – Y Saturno, indignado, no paraba de hablar – Aprovechada y conspiradora, detrás de esa máscara de serenidad e inocencia – y el veneno de Saturno le recorría todos los anillos, y empezaba a derramar en una ciénaga sideral.

– Puede ser bueno, puede ser malo, ella ni siquiera puede hacer oxígeno, y si brilla, es por el sol, ¿Que futuro le va a deparar? – Y Urano reflexionaba, ensimismado y atónito, tratando de imaginar todos los posibles escenarios para aquel destino, al final, como lo pintó Vasarí, Urano castrado e imposibilitado,  solo reflexionaba sin parir nada.

– No sé y ni me importa, no me afecta y no me intersa.  Despectivo, Neptuno solo se limitó a mantener su rotación elíptica, más distante y más cercana para salir que para entrar a la discusión.

Y todos los que estaban fuera del cinturón, solo veían, observaban y comentaban.

Y los días se acercaban.

Y la luna se llenaba, más redonda, más ella, más bella.

Y la tierra no había dejado de girar, no sabía que hacer, los días seguían pasando y las horas se estaban acabando, la incertidumbre la carcomía, tiznada por la culpa, siempre hacia su rotación, solo porque era la costumbre realizarla y nada parecía sacarla, al menos eso parecía.

Pensó salir de su órbita, pensó en estrellarse contra ella, pensó en salirse del cinturón y quebrarse.

Pensó porque no podía nada mas que solo pensar. Y así pasaron lo días, las semanas y los meses.

– Jamás dejaré de darte mi luz, sos mi tierra, mi vida más cercana, y ella es mi luna, ella es más, es algo especial para mí, porque lo es para ti, contemplala, cercana a tí pero siempre sola, cercana a tí y siempre lejos, cercana a tí, pero sin tí, y yo,… yo estaré acá hasta donde el helio me lo permita, y la haré brillar para tí cada noche, y haré que te enamores más de ella, por que es tu luna, y es tuya, y eres de ella. – Y el Sol, siempre sorprendido, prendido y sonriente, sellaba su promesa con cielos de oro que le regalaba a diario.

Y la luna se llenó completamente, el cohete despegó, y la luna, así llena, así ella, así bella.

Tuvo un lindo par de humanos que la tierra le regaló.

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