Doble Diez

Estoy caminando en medio de la calle, sobre la doble línea amarilla, quizá son un poco más de las nueve, y no hay mucho tráfico este día y menos a esta hora, detrás de mí, ella. Bella, entre asustada y emocionada, sujeto su muñeca y le pregunto si ya ha hecho esto antes, al final, nos reímos juntos y doy gracias por ese día.

DobleDiez

Lo tengo frente a mí, y no podría creer lo que me esta diciendo, el significado de la vida y la libertad casi no tienen precio, pero para mí, es verse ir casi a un hijo, lo veo de nuevo y asiento amablemente a su voluntad, le doy una palmada en la espalda y al final nos reímos juntos y doy gracias por ese día.

Estamos en el comedor de la sala, hoy toca ensalada, acabamos de tener una pequeña discusión, pero vernos sentados los tres a la mesa es extraordinario cual planetas alineados, las veo, son mi vida y lo son todo, ofrezco palabras de aliento y cordialidad, comemos y al final, nos reímos juntos y doy gracias por ese día.

Las sillas detrás de mí tienen forma de asientos de fórmula uno, el aire acondicionado en esa oficina produce un ruido perenne, pero lo escucho, con atención, admiración y honesto interés, sus palabras y su trato me han enseñado mucho acerca de lo que un buen corazón y mucho trabajo pueden llegar a lograr, le digo que estoy emocionado y me dice que él también, al final, nos reímos juntos y doy gracias por ese día.

Es el tercer trago de una botella importada desde las propias tierras de la hoja de coca, cadáveres metálicos con residuos de malta y lúpulo adornan la mesa, los veo, entre lo que se me cierra  un ojo, y el otro, no pretendo ser el primero en caer, es una batalla que lentamente se pierde, pero me quedo dormido en una mala posición, aunque al final, nos hemos reímos juntos, y doy gracias por ese día.

Esta abriendo el sobre, y yo no estoy en esta tierra ni en la luna, estoy en un dimensión paralela, donde nada tiene fin, ni principio, me comparte su sonrisa entre miedo, desdén y alegría, y le comparto mi gesto más diplomático, se marca un día, una fecha y un momento en el parqueo lleno de árboles de ese recinto, la incertidumbre ya nos comió la vida, la abrazo y al final, nos reímos juntos, y doy gracias por ese día.

Son las dos de la mañana, y la jornada de trabajo apenas ha terminado, los veo, nos vemos y nos recostamos, dos en un sillón, uno en un solo más cómodo, el sueño a empezado a doblegarnos y vamos cayendo, siento su respiración frente a la mía, y un comentario de color me despierta la sonrisa, justo antes de dormir tan juntos y tan distantes, nos reímos juntos, y doy gracias por ese día.

Le escribo un chat diciendo que llego a su casa en diez minutos, sé que me llevará más, pero que no importa que sea la una de la madrugada, necesito platicar con él, y saber como está y que hará, nos juntamos y lo abrazo como mi hermano, el cariño es recíproco, como si compartiéramos consanguinidad, llegamos, comemos y soñamos, justo al salir, al final de todo, nos reímos juntos y doy gracias por ese día.

Se acaban de ir los policías, y estamos muertos de espanto y de risa, la carretera empieza a recibir luz, pero no estamos en el mejor lugar para ver el sol salir, estoy fascinado por cantar a todo pulmón junto a ella, no se termina una canción cuando ponemos otra, el cielo se vuelve de oro, y lo vemos, y aunque la mañana apenas inicia, al final, nos reímos juntos y doy gracias por ese día.

Camino entre ellos y pavoneo lo que sé y les advierto como será, un silencio embarga el salón entero por segundos, y uno de ellos desgarra la duda con una pregunta, lo miro a los ojos, e inmediatamente veo a los demás, ni ellos ni yo estamos preparados para ese punto de tantas dudas sobre el futuro, refresco con una broma, y al final, nos reímos todos juntos, y doy gracias por ese día.

Estoy preparándome para dormir sobre un piso de madera, sé que los demás están más cómodos, pero no me importa, comparto la experiencia con un personaje que parece salir de un cuento de piratas, escucho el mar, y siento esa brisa colarse por las grietas de la construcción, ¿Cómo terminó haciendo estas cosas?. Me pregunto a mi mismo, y mi compañero que parece hacerse la misma pregunta, escurre un comentario que me parece es el más inapropiado para la situación, pero me causa alegría, lo veo, y me ve. Antes de reposar mi cabeza sobre la almohada de toalla y tierra, nos reímos juntos y doy gracias por ese día.

La veo sacar los calamares y camarones de la olla, yo había colaborado picando la cebolla, revisamos que la pasta este al punto y servimos la mesa, esta frente a mi, y yo frente a ella, honestos, hasta donde creo, con todo nuestro equipaje y demonios haciéndonos un aura de imposibilidad, reconozco de inmediato que no soy lo mejor para ella, pero me dedico a comer, la duda de cualquier manera, esta sembrada. Me adorna con un beso en la frente, y se retira por un vaso con agua, remojo el ambiente con un comentario húmedo, dulce y empalagoso, solo me mira, me acerco, la abrazo y al final,  nos reímos juntos, y doy gracias por ese día.

Es otro país, es otro cielo, es tarde y hay revuelo, subimos hasta donde se escucha el tumulto, ingenuamente les digo que entremos, la admisión son tres tragos desconocidos y sugestivamente nombrados,  los veo, me encojo de hombros y asienten, son los tres tragos más caros que espero pagar en toda mi vida, me reclama y solo puedo pedir perdón, la ignorancia se paga caro, me excuso, al final, la experiencia no es mala, los tres nos reímos juntos, y doy gracias por ese día.

Solo somos él y yo y otros tres o cuatro pacientes más en ese hospital, se me ha quitado el sueño y lo deje donde vía la otra lata. Lo veo y doy gracias de que siga con vida, y al mismo tiempo me dan ganas de quitarle tremenda suerte, le tomo un video, y aprueba con un pulgar arriba, ya no sé si reír, llorar o solo contemplarlo en esa mesa de metal con apenas una sábana blanca encima, cortado, sangrado y derramado, pero mientras haya vida, hay alegría, al final, nos reímos juntos y sí, doy gracias por ese día.

La sigo desde el carro, está hablando con ella por teléfono, no se que pensar, no se que decir, no se que hacer, solo que la debo seguir, entonces entra, las lagrimas le secuestran los ojos, no digo nada, no debés decir nada, cuando nada bueno irás a decir, solo la miro, al final, y no se ni lo que siento, pero no será ni la mitad de lo que sentiré después, se que no nos vamos a reír juntos nunca más, pero doy gracias por ese día.

Me saluda con un “hola peludo”, y la veo, en carne y hueso, con una sonrisa que podría iluminar una ciudad entera, hoy yo soy el extraño, el extranjero y él sorprendido, no paramos de interrogarnos y pareciera que nos conociéramos de tiempo atrás, la comida llega y al final, nos reímos juntos, y doy gracias por ese día.

Estoy rodeado de una gran cantidad de personas, pero estoy solo, yo no soy su blanco, pero ellos si son el mío, rostros, manos, movimientos, risas y entretenimiento, soy parte invisible de la industria que funciona para que ellos no, solo los cuerpos que se rigen por la música, alguien se resbala, y si, nos reímos todos, no juntos, pero al final, doy gracias por ese día.

No se cuantos metros mide este cuarto, pero si sé que somos cuatro en él, creemos que tenemos grilletes, pero somos más libres de lo que imaginamos, los veo y los aprecio, comparto no solo días, si no experiencias, realidades y sobretodo, desvelos y trabajo, cada quien aporta al cuento, entre estupideces, bromas pesadas, palabras soeces y sobrenombres humillantes, he descubierto que ya no somos compañeros, somos más. Porque al final, nos hemos reído demasiado juntos, y doy gracias por ese día.

Saco mi teléfono y le tomo fotos a sillas, escritorios, computadoras, monitores, hoy son tres áreas, volverán a ser solo dos, veo el orden, y veo el caos, como lo he visto antes y se que lo veré después, es solo infraestructura, es un espacio, que no ata, ni controla, al final quienes lo llenan son quienes valen, porque al final con ellos, nos hemos reído juntos y he dado gracias por esos días.

Veo una gran cantidad de rostros queridos, los veo y reconozco que soy por ellos, y para ellos, muevo un poco la cerveza en mi mano, y me sirvo otro rollo, hago memoria, días difíciles, días alegres, días de llanto y días de sudor,  los que fueron y los que vienen, pero todos los que están, me demuestran, siempre otra vez, que no importa, que vale la pena, que siempre va a valer el esfuerzo, porque al final, al final de todo, con todos me he reído, nos hemos reído juntos y siempre con esa alegría, y es por ese momento de compartir felicidad, que doy gracias por ese día, por ese y por todos los días, por este doble diez, por que puedo cumplir años, otra vez.

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