Para hacerte feliz.

Estaba emocionado por que la tendría, su corazón latía en estampida furtiva de sangre entre la pelvis y la coronilla, parecía que al final, todos su deseos cumpliría, empezando por dejar sin respirar a la que sería su compañía.

Hacerte feliz

Quería devorarla completa, comerla de un bocado y engullirla acostado, como nadie nunca jamás lo había logrado y estar atónitos los dos por semejante e inmoral fechoría, eso que no imaginás que pasaría cuando los veías sentados cada uno al extremo del sedán marrón mal parqueado.

Estaba sonrojada, sudando los nervios sofocados que le arremetían las ideas por aquella pena inquieta de quitarse la ropa a media avenida cuando empezaba el viaje inducido por besos de aquel conductor sin siquiera pasar de neutro y empezar la marcha.

Los mataba el calor que producía la entropía del movimiento de dos cuerpos extraños que al rozarse enteros prendían fuegos artificiales que llenaban de colores las mejías extendidas por la sonrisa genuina de tenerlo bajo su frontera maternal y moverle la mitología irreal de que él tiene todo bajo control en este sistema patriarcal.

Y si describiera lo que ví con un género musical, tendría que pasar del jazz sasonado con un saxo improvisado, al metal matemático y estridente que hace morderme la lengua con los dientes para no describirlo con una lírica indebida e insensata como una mala canción de bachata.

Lo peor del asunto no era el espacio reducido, ni el contacto repetido contra el techo del carruaje, que no era de tela si no de un duro material como el que le rozaba y la hacía transpirar, lo realmente malo eran los moretes que iban a testificar como evidencia presente del maltrato aparente en intercambio por tanto placer y felicidad.

Y casi llegando al destino, antes de tomar la última curva a gran velocidad, sin siquiera avanzar un metro de la acera en aquella vecindad, le dijo la única verdad irrefutable que logre comprender entre todo el balbuceo y rápido respirar que le servía para justificar las arremetidas violentas locas de cuando el uno al otro se ven:
– Amor, para hacerte feliz, no es necesario hacerte el bien.

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