No era

No eran ni las siete de la mañana, cuando la brisa del olvido le destapó los ojos, era tan fuerte que hacía un zumbido ensordecedor que no lo dejaba ni por un segundo más seguir dormido.

No eran ni las ocho en la mañana, cuando su intuición le decía que algo no estaba bien, que hoy no era el día para levantarse antes de las siete y desayunar tan temprano.

No eran ni las nueve de la mañana, cuando llevaba su maletín en la mano izquierda y las monedas para pagar el colectivo en la derecha, que nunca tomaba por levantarse tarde, reiterando que iba muy temprano.

No eran ni las nueve con treinta, cuando el olor a capital hacinada lo hacía cerrar los ojos y estornudar por el fétido hedor a humano apretujado, quizá nadie se baña tan temprano, pensó.

No eran ni las diez, cuando al iniciar su recorrido a pié, un tipo le ofrecía el significado de la vida impreso en cuatro cuartillas de papel bond, a lo mejor lo encuentro mañana, dijo.

No eran ni siquiera las diez con diez, cuando atravesando el último semáforo a su trabajo, un cafre, en su automóvil, irrespetaba la señal, por que él, iba retrasado.

No eran ni las diez con doce, cuando tendido sobre el pavimento, la brisa del olvido le dejó de zumbar y la intuición le pareció acertada, pues hoy era muy temprano, y este día, no tenía que trabajar.

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