Tú no.

Los separaba una mesa, dos tazas, dos vidas y seguramente, dos mundos completos.

– El tiempo es relativo, decía mi viejo. Mientras miraba su reloj levantando su antebrazo derecho.

– El tiempo es de quién lo gana, y deja de serlo, para quién lo pierde. Le respondió, y golpeaba con sus uñas la mesa en signo de impaciencia.

/

Los separaban años, experiencias, pensamientos y seguramente, sus deseos.

– Creo que lo he venido a perder entonces. Miraba hacia afuera de la ventana del bistro.

– No creo que sea tiempo lo que querrás ganar. Y miraba decepcionada hacia sus manos, conteniéndose.

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Los separaban genes, hormonas, órganos y sin duda, sus corazones.

– Se trata de tenerlo y dárnoslo, independientemente de ganar o perder. Le repetía

– Es que no deberías confundir tiempo con libertad. Y parecía desesperarse más.

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Los separaban gestos, acciones miradas y sobretodo, sus palabras.

– El tiempo es lo que más nos aprisiona, saber que todo termina… Y sin poder terminar.

– Como hoy… Ella lo interrumpía.

/

Los separó la impaciencia, la monotonía, el aburrimiento, y todavía más, verse día a día.

– Te estas adelantando demasiado, yo no he dicho eso.

– Tú no, pero el tiempo, Si.

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