Fé, Liz.

Era su deporte favorito.

Si calificaba como tal

De tener cada segundo escrito

de su encuentro casual.

/

La encontró y al encontrarla

la bautizo como milagro

leyó su alma al besarla

y su vida entera le entregó.

/

La amaba, y la amaría

Incluso después de jamás

solos los dos en aquel sofá

que se reclinaba hacía atrás.

/

Y la miraba en segundos infinitos

cristalizados en formas irreales

se adornaban como dulces exquisitos

de colores como auroras boreales.

/

Había esculpido en piedra eterna

la promesa de hacerla feliz

y concluido a ciencia cierta

que solo necesitabas fé,  Liz.

/

Dejó que el tiempo se la llevara

porque al final de cada momento

el siempre la encontraba

en un abrazo dulce, tierno y lento

/

Y cuando ya no pudo tocarla

cuando había acabado de esperar

ya no podía hacer más que amarla

levantarse, recordarla y avanzar

/

A su regreso triunfal lo encontró,

él solo sentado en el mismo sofá

le besó el recuerdo para revivirlo

Y sentándose, se reclinaron hacia atrás

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