Tinto el Corazón

– ¿Te sirvo otra copa?

– Por favor.

/

No era ni las las siete pasado meridiano, y el atardecer solo aumentaba la sed, sed de todo.

/

– Entonces, ¿Cómo le llamamos a esto?

– Deberá ser algo entre masoquismo e irresponsabilidad.

– O quizá algo un poco menos sugerente

– O nada, Me tiene sin cuidado como llamarle, mientras me llames, siempre.

/

La mano mecía la copa ligeramente en círculos pequeños, y en cada trago, quedaban las palabras que no le quería decir, derramadas, como ambos, desde el borde hasta la base.

/

– Siempre, Aún no te bebo en totalidad.

– ¿Y estás esperando a que me termine el vino?

– Si, para que te volvas a servir.

– Solo dejame disfrutar el último sorbo.

/

La mano soltaba la copa, la copa sobre la alfombra, alfombra testigo y participante, dos participante en ese cuarto,  cuarto entero incendiado, incendiados su cuerpos, cuerpos embriagados de placer dulcemente, dulce vino tinto y tinto el corazón.

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