El Lujo de la Ignorancia (p1)

*Primer intento prosaíco y en entregas de una novela corta. Entrega 1 de 7

Conocí a Martín hace apenas dos días, amigos de amigos, entre fiestas de amigos. Si te lo describo, es del tipo que toma café, pero siempre con leche, bebe, pero entre cada trago, toma agua, y si te dice algo, nunca sabes con seguridad, si lo dijo como consejo o como regaño, Martín Cisneros Canseco, era un abogado  penalista tico. (Como amablemente le llamas a los Costarricences), siempre me pareció que transitaba en la frontera de lo común y lo absurdo, por su forma hablar y expresarse, pero más aún, por su equilibrada forma de manejar el caos que todos provocábamos alrededor de él.

Entonces, siendo amigo de un amigo, en la fiesta de otro amigo, Martín, el señor “caos balanceado”, me resulto ser un tipo de amena compañía, no tenía idea al inicio de que era lo que hacía él acá en Santo Domingo, así que con mi invitada de la noche, le preguntamos, ¿Qué trae a un Costarricense, abogado a esta isla? Y resultó, que trabajaba para una nueva oficina de seguros que estaba evaluando el riesgo fiscal de inversión en un sector turístico aún no desarrollado en el norte de la República Dominicana. Es decir, trabajaba para saber y era seguro saber, si invertir, lo valía. Ahi es cuando entendes que el tipo deberá ser muy artificioso, o simplemente asumís ignorancia y lo pasás de largo.

Jimena, me acompañaba esa noche, bueno, acompañaba es realmente un adjetivo que amablemente ocupo para “Mejor que estar sin hacer nada”, la historia corta con Jimena: una app de citas, con mensajes inspirados en las fotos y una realidad que decepcionó a ambos, con el premio de consolación de ir donde mi grupo de amigos, y estando ahi, interactuar con otras almas, como la de Martín, parecía la mejor idea para poder pasar de un fiasco a un “no estuvo tan mal”.

Jimena y Martín, congeniaron más rápido que  mi última novia y yo, a quien creí, sería la mujer de mi vida y con quién me casaría, pero en serio, creo que antes de los 30, uno se imagina eso con cualquier persona con la que pasa más de una año en un relación. Y yo soy de relaciones largas. Así como las largas carcajadas de Jimena, ella se reía de los chistes de Martín, genuinamente, y bueno yo, educadamente. La sonrisa de Jimena era una poco chueca realmente, es decir, cuando ves el Instagram de alguien, creo que se esmera por ser la mejor versión de sí mismo ¿No?. Bueno, decepción a primera vista, esa genuina sonrisa chueca empezó a molestarme luego del quinto chiste consecutivo de Martín. Al menos a ella le resultó positiva esta salida, pensé, y estratégicamente dije: ¡Voy por un trago!¿Te sirvo otro, Jime?. Y no hay que ser un genio para adivinar que me respondió. El problema de toda la situación, es que no volví a ver a Jimena, hasta que apareció su foto en las noticias, dos días después. Jimena, había desaparecido.

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