Pan, besos y caricias.

Le preguntó si quería que le agregará amor al sandwich que le preparaba, porque ya estaba escurriendo de sensaciones, ilusiones y deseos, estaba donde no debía estar, pero ahí, así lo deseaba.

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Ayudarte.

Estaba inquieta, por la falta de verdad, por la falta de realidad, por que la falta, la ira y la soledad, le inundaban la consciencia, cegaban la razón y comprimían su corazón.

De alguna forma u otra, sabía lo que acababa de hacer, la sangre corría, la mentira corría, la furia también, y goteaba de la lengua hacia afuera, jadeante, el deseo de repetir la hazaña.

Y enfrente de la escena, perpleja y excitada, se acercaba con la daga desenvainada una vez más, y con los labios a centímetros del oído, rodeándolo, le susurraba: “otra vez”, mientras lo apuñalaba sin ver.

Abrazándolo cual lo había hecho siempre, mientras encarnaban, cambiaba en esta ocasión, hoy que lo exorcisaba, y le enseñaba el camino de la eternidad a punta de filo y metal.

Derramaba lagrimas, que al migrar de su rostro, caían hacia una vertiente abundante de sangre que le emanaba del pecho y coloreaba su inmóvil torso, hasta llegar al suelo.

Sin un solo grito, sin parpadear, sin gestos visibles de dolor y solo con la mirada clavada en los ojos de ella, lentamente y en un infinito no entender, realizaba su último esfuerzo para alcanzar la daga en sus manos.

Entonces con la fuerza que aún le quedaba, empujo esa arma, las manos de ella y su corporeidad, a la estocada final, al umbral perdido entre el homicidio y el suicidio asistido e improvisado.

Y en su última exhalación, a punto de partir, hundió hasta el ventrículo izquierdo el metal mientras con cariño le decía: “Hasta en matarme, voy querer ayudarte”

Luna Preñada

Lunapre ¡Qué acontecimiento, qué sorpresa, qué escándalo!

 El sol, sorpresa, Mercurio, meditabundo, Venus, venerando, y  la tierra,… tiznada por la culpa.

 ¿Qué paso? ¿Cómo fue? Los planetas murmuraban, se  preguntaban, se miraban y los veían en la distancia estelar.

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Cuarto

El oxígeno escaseaba en el cuarto, también escaseaba el aliento,… y la ropa.

Todo los muebles ardían, también los labios ardían,… y los pensamientos.

Los segundos se consumían vorazmente, también los cuerpos se consumían,… y las fantasías.

Cuarto

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