Las travesuras del Sol y la Luna (Eclipse y Despedida)

Hola corazón, quiero contarte una historia…

Desde el inicio del tiempo, el sol y la luna iban siempre de paseo, tomados de su gravedad, la luna loca, girando alrededor de él, y el sol sonriente, dandole su luz a ella únicamente.
Salían seguido, y hacían un desastre de estaciones, la distancia entre ellos era su invierno, y cuando se juntaban hacían primavera y verano de una vez, extrañarse era su otoño, y nadie más lo sabía, porque nadie más los veía.
Y ambos locos, ambos tontos, corrían con prisa a verse detrás de asteroides y planetas, buscando pequeños espacios donde su calor no se apagara nunca, donde encontraran algo que los atara.
Pero ambos sabían que sus responsabilidades eran diferentes, la luna se movía con la tierra, y el sol respondía a todos los demás planetas, y juntarse más y más, los
acostumbraba, los habituaba, a sentirse eclipse, a ser siempre uno entre los dos.
Pero pronto aprendieron que un eclipse no puede durar toda la vida, apenas dura segundo o minutos, pero es hermoso, es grandioso, es glorioso, es la forma natural que tiene el universo de demostrar que por más lejos que se vean las cosas, por más distantes, por más erráticos, siempre hay un momento de armonía en ese caos, siempre hay un momento de alineación total, así como vos y yo alineamos nuestros cuerpos para un abrazo, nuestros labios para un beso, o nuestros corazones para sentir el mismo latir rápido a un solo son.
Y en un ataviado ir y venir de razones para no seguir, nos eclipsamos de cariño, corazón, fuiste mi luna y fui tu sol y esta historia la empecé a escribir desde el primer beso, y por indeciso no la enviaba, porque era la despedida que no deseaba, pero debo reconocer que por más que trataba, no podía lograr sentir como tú sentías, y que te enamoraras, me aterrorizaba, porque no podría con la responsabilidad, de ser la causa de tu felicidad y un día cometer un error y volverme el villano de tu vida.
Prefiero dejar esta historia que duró un poco más o un poco menos que el último eclipse total de sol, y que solo esta llena de alegría y nada de tristezas.
Sos la miel más dulce de mi vida, y espero verte siempre en mi recuerdo, en mi corazón y en carne y hueso frente a mi un día y darte un abrazo enorme y que me digas que no necesitas a nadie para ser la más feliz.
Te quiero con  nobleza y con el miedo de siempre, de no poder quererte cada día más.
Y por eso no lo quiero arruinar.
Te mando el beso más eterno, el beso que le da la luna a el sol.
Y tu recuerdo que me acompaña, bien cerquita de mí, corazón.
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Nudos y Desnudos

¡Qué locura y qué situación! verte ahora llorando en el mismo colchón, que una vez nos entretuvo, cautivos y desnudos, compartiendo los latidos del corazón, que ahora se encierran mientras la piel se entierra.

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Piedad no es perdón.

Si por tierna o misericordiosa,

ese día, fue que pensaste en los dos,

culparé a la fortuna rencorosa,

que se apoderaba de vos

desde el lunes hasta la luna llena

y esa forma de pensar obscena,

que tu decisión era piadosa.

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