Tonto, tonto.

Gira, respira, exhala vida.

Anda y Canta, lleno de esperanza

Sube a nubes, siente volar

Rie, vive, olvida pensar

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Besos con Cerveza de Boca.

Era la tercera llamada, la segunda puerta, la primera vez.

Eran las cinco menos cuarto, esperando a tres, para verse los dos.

Había contado cada pestaña, cada peca, cada lunar.

Había visitado su hombro, su muslo y su cintura.

Estaba frente al amor de su vida, de su noche y de su día.

Estaba retrasado en preguntar:

– ¿Qué vas a tomar?

Y salía como el sol ilusionado y esa lluvia esperada,

Y entraba como sable al taurino o el incisivo al solomillo

esa respuesta abrasadora con cierta rítmica retórica

la decisión injusta, infiel y astuta

de jugarle palabras, emociones y demás

al momento de contestar:

– Que sean tus Besos con Cerveza de boca, para empezar.