Amor, en el congelador.

 

Tenía una prisa ese día, por verte la sonrisa, por respirar tu perfume, por embriagarme de vos, que no me di cuenta, que había dejado guardado, lo único que nos haría falta.

Vos llegaste decidida, pensando en que ese era el día, asumiste mal, y asumo la culpa. Y que triste pensar, que el optimismo pasaría a ser un segundo plano de nuestra fotografía.

Es cierto, fue intenso, y  los besos perecieron eternos, en eso no hubo decepción, pero creo, fue parte del error, imaginar que así sería siempre, siempre que fuésemos solo dos.

Así la percepción engaña, y causa desilusión, estabas a tus anchas cuando preguntaste si sentía lo mismo por vos, y solo dije que estaba mejor guardado mi amor, en el congelador.

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Buscando la despedida

Primero se despidió de las calles empedradas donde ella había caminado.

Las vio, y puso su mejilla contra ellas, se recostó sobre el recuerdo hirviente

Y poco a poco, dejo de quemar, buscando que fuera su última despedida.

Pero no era esa.

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Entraña de lava

Con esa tez oscura y áspera, con esa mirada de violencia y látigo, con esa furia natural, y la irracionalidad crucial, de explotar sin esperar, reventaste en mil pequeñas partes, millones de partículas asfixiantes, y toneladas de ceniza apabullante.

Y dentro de esa textura de roca, con ese daño en tus laderas, arrojando odio y frustración de tus caderas, sin saber a quién y sin realmente saber porqué, te derramaste en todo, y a todos, destruyendo sueños, derribando logros, calcinando vidas y entregando del centro hacia afuera, el regaño encomendado, de la tierra ulcerada.

Así recé y así rezamos, los que preocupados, nos vimos y encontramos, bautizados con tu ceniza, rodeados de tu piedra caliza, corriendo descalzos, y de prisa, con la velocidad que otorga, ver arder en forma de lluvia, el cielo y ver subir las almas envueltas en un velo de fuego.

Y así recuerdo lo que me dijiste ese día,  que no podrías volverme a ver en tu vida, que desde ese momento yo partía sin tu querer, que la promesa que juramos tener, se acababa por el interceder, de una entraña de lava, que al vomitar, con todo a su paso acaba, y aunque con fuego, el amor apaga.

El regalo.

Diez días después de celebrarle a las mamás, en la comunidad atrás de la Laguna El Espino, escondidita en el extremo occidente, del país más pequeñito de América, era el momento de celebra el cumpleaños de Rogelito.

 

Rogelito no tenía mamá, tampoco tenía papá.

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El tiempo no cura.

Sentado en el borde del trópico, un día el peregrino se dio cuenta que el sol se ocultaba un poco más tarde en abril, pero no tan lánguido como en Junio, y no solo lo hacía más tarde, sino, más circular, esférico, con más forma de astro o de rey, y también, más elocuente con el paisaje, conversando en luz y color, con el cielo y árboles, en un diálogo entre no querer morir, pero tampoco, seguir viviendo.

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Soltarme

Si mientras abrazada y amada,

te visita un pensamiento ajeno,

y dormida escurre el veneno

de una idea encadenada

que a la soledad atada

se dedica a espantarme

y de tu recuerdo borrarme

no es un sueño lejano

ni un mensaje en vano

de que quisieras olvidarme.

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