Deshidratados

-¿Vas de salida? – Le dijo.

-Es mejor si no me ves más acá. – Le respondió.

-Entonces deja te preparo algo para que llevés en tu maleta.

-Ya va llena de cosas que no logro sacar, no pongás más. Le respondía cabizbaja.

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El Lujo de la Ignorancia (P4)

*Primer intento prosaíco y en entregas de una novela corta. Entrega 4 de 7

Parte 3

Parte 2

Parte 1

 

“Señor Cisneros acompáñeme por favor”. Una voz seca y seria interrumpió justo al inicio de la respuesta de Martín, era un agente diferente quien lo llamaba, asumo que era el investigador especializado en tecnología, que desde la puerta lo invocaba. Martín se levantó, pero mientras se ponía en pié me miraba fijamente, con un mezcla de nerviosismo, incredulidad, yo incluso note, un poco de antipatía y rabia,  mantuve también la mirada, era un duelo, una batalla, quién dejara el contacto visual primero perdería. ¿Qué perdería?, sin duda la moral de dirigir nuevamente la palabra al otro, aunque en este caso, Martín triunfaba al lograr evadir mi pregunta.

El día que salimos con Jimena, yo tenía apenas 2 semanas viviendo en Santo Domingo, es una urbe latina, con todo el esplendor y terror que eso implica, con un impresionante desarrollo estructural a comparación de las demás capitales del Centro de América, pero al mismo tiempo, con una increíble desigualdad económica entre clases sociales, y un “malinchísmo” que llegaba al extremo, donde el local, quiere ser extranjero, y el extranjero “cree” que se aprovecha del local, y en esta situación, éramos dos extranjeros, cruzados por una morena local, sospechosos de una desaparición que al momento no tenía explicación y  dónde yo, no podía darme el lujo de la ignorancia, pues en estas urbes latinas, no saber, es perder.

Mientras esperaba el regreso de Martín al cuarto, o que me llamarán para dar otra declaración, o noticias acerca de mi teléfono, me puse en pié y camine hasta el umbral de la puerta que daba al resto de la inspectoría. Pocas ventanas, poco movimiento, mal iluminada y un poco deteriorada.  A unos cuantos cuartos, en lo que creo era una oficina de privada, pero improvisada, logre ver a través de una ventana con una persiana mal acomodada, a Martín, platicando con el agente especializado, su uniforme sin duda era diferente, seguro, de otro rango, no utilizaba el uniforme gris normal con la camisa fuera del pantalón como los demás agentes, este incluso, portaba una especie de gorra con unas estrellas, lo que me pareció sumamente extraño es que ambos estaban en pié, el tipo le puso la mano en el hombro y Martín hizo un gesto de agradecimiento, algo que me incomodo, pues parecía que hablaban como amigos, y mientras miraba fijamente la dinámica de la conversación, tratando de leerles los labios, el tipo de la gorra, el oficial especializado, volvió la mirada hacia mi, su gesto cambió, se borró la sonrisa con la que hablaba a Martín y con el ceño fruncido, cerró la persiana. ¿Qué esta pasando acá?.

Preocupado y nervioso, empecé a caminar hacia el cuarto donde estaban ellos. “Perdón Señor, pero tengo que pedirle que vuelva al cuarto”. Me paró en seco otro agente, a penas a unos pasos de donde ellos se encontraban. “El Señor Cisneros se encuentra en un interrogatorio y por orden del sargento nos han pedido que lo retengamos en calidad de sospechoso, y como medida cautelar mientras continuamos la investigación”. Pálido y completamente asustado le dije que no podían retenerme, que no tenían pruebas de nada, que como era posible que Martín estuviera en un -interrogatorio especial- si era amigo del sargento, o del agente especializado. Pavor. Empecé a gritarle reclamos a Martín mientras el oficial me llevaba de vuelta a la fuerza, con las manos en la espalda. Apresado. Esto no esta pasando. ¡Yo apenas vine hace unos días acá!. “En su teléfono se ha  encontrado evidencia que necesitamos verificar para definir si usted es responsable de la desaparición de Jimena Ortega” ¿Qué evidencia?¿De qué esta hablando?¡Suélteme!

Al momento de cerrar la portezuela de la celda preventiva, se acercó el agente especializado, quién resultó ser el sargento encargado de la estación. “Esto es una medida cautelar Señor, en su teléfono tiene unas fotografías recientes de la desaparecida” ¡Claro que las tengo!¡Son las que le mostré al dar la declaración!¡Y otra que nos tomamos el día que cenamos!”¿Y esta?” Me preguntó. y perplejo, observando mi teléfono, sin una idea de como era posible, había una imagen, un selfie,  dos cuerpos desnudos, abrazados, en un cuarto con luz tenue, en la imagen estaba Jimena y a quién abrazaba, era a mi.

 

El lujo de la ignorancia (P3)

*Primer intento prosaíco y en entregas de una novela corta. Entrega 3 de 7

Parte 2

Parte 1

Creo que Martín estaba a punto de quebrar su teléfono móvil, era fácil percibir que lo apretaba con una fuerza desmedida, producto de la angustia y la preocupación, mientras conversaba con el oficial, pero me desconcertó, quizás porque en otro momento yo no note lo que ahora me revelaba la angustia de Martín y su casi destrucción del teléfono, en su mano izquierda, con la cual sostenía tan intensamente su dispositivo, su dedo anular vestía un anillo dorado, seguramente, de casado.

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El lujo de la ignorancia (P2)

*Primer intento prosaíco y en entregas de una novela corta. Entrega 2 de 7

Lee la parte uno acá

¿Les sucede que no pueden recordar la ropa de usaban cierto día de la vida? ¿Si?¿No?Bueno. Imaginá recordar la de otras dos personas, en una fiesta, un poco alcoholizado, y sobre todo si la pregunta te la dirige un oficial, dentro de una estación de inspectoría del distrito nacional, pues te han llamado para “brindar” información sobre la desaparición de una persona. Completo fracaso, levemente salvado por la tecnología, que en este punto de la modernidad, ya no resguarda nuestras memorias, si no que las crea.

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El Lujo de la Ignorancia (p1)

*Primer intento prosaíco y en entregas de una novela corta. Entrega 1 de 7

Conocí a Martín hace apenas dos días, amigos de amigos, entre fiestas de amigos. Si te lo describo, es del tipo que toma café, pero siempre con leche, bebe, pero entre cada trago, toma agua, y si te dice algo, nunca sabes con seguridad, si lo dijo como consejo o como regaño, Martín Cisneros Canseco, era un abogado  penalista tico. (Como amablemente le llamas a los Costarricences), siempre me pareció que transitaba en la frontera de lo común y lo absurdo, por su forma hablar y expresarse, pero más aún, por su equilibrada forma de manejar el caos que todos provocábamos alrededor de él.

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