Tatuado.

Mi vida, mi amor, mi sueño.

No puedo sentirme dueño

Ni de ti, ni de mí, ni del sentir

Que me hace besar tu vientre

Pero me aferro al distinguir

Cuando mi aorta se extiende

Liberando la esperanza

De ser uno solo con vos

En una infinita danza

De amor y placer entre los dos.

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Entendible.

1.

– ¿Qué estas esperando?

– Mas bien, a quién…

– ¿Quién? 

– Si, quien.

– Ajá, ¿A quién?

– No lo conozco, pues, si, pero no…

– ¿Estás esperando a alguien que no conocés?

– Inentendible ¿Verdad?

-O estúpido…

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Olvidado azulado.

Con la última mirada,
Con el último café
Con un secreto roto
Prometió volver.

Con temor pero valiente,
Con la sonrisa por escudo
Con su afán de crecer
Tuvo fé en lo que pudo.

Y se aventuró al infinito
Con la apuesta alta
Y la mirada centrada
Se despidió como si nada.

Pero no fue un hasta pronto
Si no, un desvanecer
Porque en su recuerdo
No lo supo retener.

Y al ver el parpadeo
De su estrella en la noche
los colores que le dió
Intranquilidad creaban.

Rojos, azules y morados
en borrosa remembranza.
Y al no estar a su lado.
ya lo había olvidado.

Comer en casa

La despertaba el olor de los buenos días de él.

La sazón con que cocinaba los huevos y el aroma del café que preparaba recién duchado.

Arremolinada entre sábanas llenas de ambos y de saber ser solo los dos, se apretaba como embrión en vientre y al toque del sol que en sus ojos siente, se estiraba para descubrir su cuerpo, para destapar su amor y revelar su suerte.

De pié, y solo adornada por la sonrisa y la cabellera de recién levantada se asomaba para verlo en acción, cocinando solo con los lentes para acertar y el guante de cocina para manipular lo hirviente, que advierte que se come caliente.

Ya no hacía falta que le dijera el menú porque lo conocía y se conocían, y el abrazo por la espalda devenía, en el “Esta servida la comida”.

Y juntos hacían real la fantasía de un domingo eterno, piel con piel, desayunando en cama, el uno al otro, comiéndose en casa.

Llames a Satanás

Ahora voy a invocar al demonio, para que con su fuego, te hierva el agua del té.

Y esperar que con el fuego del infierno, se caliente el agua de tu ducha.

Que el tridente del tormento eterno, te sostenga la puerta.

Y con lava ardiente se fundan los metales que cuelgan de tu cuello.

Para que el sollozar de las almas afine al músico que amas escuchar

Y que el olor a azufre espante a los demás de tu camino.

Voy a sentirte arder sin que estes prendida en llamas.

Y que en vez de gritar dios, llames a satanás en mi cama.