Llames a Satanás

Ahora voy a invocar al demonio, para que con su fuego, te hierva el agua del té.

Y esperar que con el fuego del infierno, se caliente el agua de tu ducha.

Que el tridente del tormento eterno, te sostenga la puerta.

Y con lava ardiente se fundan los metales que cuelgan de tu cuello.

Para que el sollozar de las almas afine al músico que amas escuchar

Y que el olor a azufre espante a los demás de tu camino.

Voy a sentirte arder sin que estes prendida en llamas.

Y que en vez de gritar dios, llames a satanás en mi cama.

Corazón demorado.

De mejilla a mejilla,

escondida entre la seriedad

que le requería su día,

entre escombros de dolores

y antiguos amores

asomaba con bondad

una sonrisa de mil colores.

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Amor, en el congelador.

 

Tenía una prisa ese día, por verte la sonrisa, por respirar tu perfume, por embriagarme de vos, que no me di cuenta, que había dejado guardado, lo único que nos haría falta.

Vos llegaste decidida, pensando en que ese era el día, asumiste mal, y asumo la culpa. Y que triste pensar, que el optimismo pasaría a ser un segundo plano de nuestra fotografía.

Es cierto, fue intenso, y  los besos perecieron eternos, en eso no hubo decepción, pero creo, fue parte del error, imaginar que así sería siempre, siempre que fuésemos solo dos.

Así la percepción engaña, y causa desilusión, estabas a tus anchas cuando preguntaste si sentía lo mismo por vos, y solo dije que estaba mejor guardado mi amor, en el congelador.

Entraña de lava

Con esa tez oscura y áspera, con esa mirada de violencia y látigo, con esa furia natural, y la irracionalidad crucial, de explotar sin esperar, reventaste en mil pequeñas partes, millones de partículas asfixiantes, y toneladas de ceniza apabullante.

Y dentro de esa textura de roca, con ese daño en tus laderas, arrojando odio y frustración de tus caderas, sin saber a quién y sin realmente saber porqué, te derramaste en todo, y a todos, destruyendo sueños, derribando logros, calcinando vidas y entregando del centro hacia afuera, el regaño encomendado, de la tierra ulcerada.

Así recé y así rezamos, los que preocupados, nos vimos y encontramos, bautizados con tu ceniza, rodeados de tu piedra caliza, corriendo descalzos, y de prisa, con la velocidad que otorga, ver arder en forma de lluvia, el cielo y ver subir las almas envueltas en un velo de fuego.

Y así recuerdo lo que me dijiste ese día,  que no podrías volverme a ver en tu vida, que desde ese momento yo partía sin tu querer, que la promesa que juramos tener, se acababa por el interceder, de una entraña de lava, que al vomitar, con todo a su paso acaba, y aunque con fuego, el amor apaga.

El regalo.

Diez días después de celebrarle a las mamás, en la comunidad atrás de la Laguna El Espino, escondidita en el extremo occidente, del país más pequeñito de América, era el momento de celebra el cumpleaños de Rogelito.

 

Rogelito no tenía mamá, tampoco tenía papá.

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