Verso Necio

A ver si esta vez,

dices tener,

el aliento eterno,

después de las diez,

para pintarte,

en sábanas y lienzo,

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El lujo de la ignorancia (P6)

*Primer intento prosaico y en entregas de una novela corta. Entrega 6 de 7

Parte 5

Parte 4

Parte 3

Parte 2

Parte 1 

Creo que es muy acertada la idea que dice: “Cuando uno se divierte, el tiempo pasa rapidísimo y cuando sufre, se dilata”. No sé quien lo dijo, ni bajo que contexto, pero puedo asegurarte que es totalmente correcto, dolorosamente correcto.

Luego del hallazgo de la fotografía que me incriminaba y el mensaje que Martín tenía en su teléfono, cada segundo parecía un recital de dudas, visiones, desaciertos y vociferaciones de mi tan cara ignorancia e inconsciencia. En ese momento, lo único que sabía a ciencia cierta era mi nombre, y que era inocente, porque lo era. Y debía existir una forma de comprobarlo, sobre todo, por el detalle de los zapatos, esos zapatos de hebilla formales, que usaba Martín y que estaban a la par de los tacones de Jimena.

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El Lujo de la Ignorancia (P5)

*Primer intento prosaico y en entregas de una novela corta. Entrega 5 de 7

Parte 4

Parte 3

Parte 2

Parte 1

Si antes la desaparición de Jimena me parecía una situación sorprendente, en este momento, al observarme en la fotografía que el Sargento de la inspectoría me mostraba en mi teléfono, era claro para mí, que estaba a unos pasos de la dimensión desconocida, de un paralelismo surreal, y caí de golpe en una espiral mental de recuerdos y momentos que no parecían tener sentido, perdí el habla, no pude emitir ni siquiera un sonido, deje mi frente y  manos amalgamarse con los barrotes de la celda que me contenía, y ya no tenía en mi mente otra imagen, más que esa selfie. La imagen del cuerpo de Jimena, la imagen de mi cuerpo a su lado, esa imagen, esa selfie, la cama, la cobija, esa selfie, el abrazo, el ángulo mi brazo al tomar la foto, esa imagen, mi gesticulación, el rostro de ella, la luz, esa selfie, la textura de la pared,  sus tacones rojos y los zapatos con hebilla a la par de ellos, que delataban el apuro, esa imagen, la ropa que estaba en el piso,  y la escasa ropa que llevábamos puesta, las sábanas y todo el “atrezzo”  de la escena, estaba tratando de examinar todo cuanto podía, pero esa imagen, que nunca ví en mi teléfono y nunca estuvo en mi memoria,  era una realidad, ¿Era posible que fuera un fotomontaje?¿Cómo terminó ahi? y aún más importante, si esto es verdad ¿En que momento me la tomé?.

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El Lujo de la Ignorancia (P4)

*Primer intento prosaíco y en entregas de una novela corta. Entrega 4 de 7

Parte 3

Parte 2

Parte 1

 

“Señor Cisneros acompáñeme por favor”. Una voz seca y seria interrumpió justo al inicio de la respuesta de Martín, era un agente diferente quien lo llamaba, asumo que era el investigador especializado en tecnología, que desde la puerta lo invocaba. Martín se levantó, pero mientras se ponía en pié me miraba fijamente, con un mezcla de nerviosismo, incredulidad, yo incluso note, un poco de antipatía y rabia,  mantuve también la mirada, era un duelo, una batalla, quién dejara el contacto visual primero perdería. ¿Qué perdería?, sin duda la moral de dirigir nuevamente la palabra al otro, aunque en este caso, Martín triunfaba al lograr evadir mi pregunta.

El día que salimos con Jimena, yo tenía apenas 2 semanas viviendo en Santo Domingo, es una urbe latina, con todo el esplendor y terror que eso implica, con un impresionante desarrollo estructural a comparación de las demás capitales del Centro de América, pero al mismo tiempo, con una increíble desigualdad económica entre clases sociales, y un “malinchísmo” que llegaba al extremo, donde el local, quiere ser extranjero, y el extranjero “cree” que se aprovecha del local, y en esta situación, éramos dos extranjeros, cruzados por una morena local, sospechosos de una desaparición que al momento no tenía explicación y  dónde yo, no podía darme el lujo de la ignorancia, pues en estas urbes latinas, no saber, es perder.

Mientras esperaba el regreso de Martín al cuarto, o que me llamarán para dar otra declaración, o noticias acerca de mi teléfono, me puse en pié y camine hasta el umbral de la puerta que daba al resto de la inspectoría. Pocas ventanas, poco movimiento, mal iluminada y un poco deteriorada.  A unos cuantos cuartos, en lo que creo era una oficina de privada, pero improvisada, logre ver a través de una ventana con una persiana mal acomodada, a Martín, platicando con el agente especializado, su uniforme sin duda era diferente, seguro, de otro rango, no utilizaba el uniforme gris normal con la camisa fuera del pantalón como los demás agentes, este incluso, portaba una especie de gorra con unas estrellas, lo que me pareció sumamente extraño es que ambos estaban en pié, el tipo le puso la mano en el hombro y Martín hizo un gesto de agradecimiento, algo que me incomodo, pues parecía que hablaban como amigos, y mientras miraba fijamente la dinámica de la conversación, tratando de leerles los labios, el tipo de la gorra, el oficial especializado, volvió la mirada hacia mi, su gesto cambió, se borró la sonrisa con la que hablaba a Martín y con el ceño fruncido, cerró la persiana. ¿Qué esta pasando acá?.

Preocupado y nervioso, empecé a caminar hacia el cuarto donde estaban ellos. “Perdón Señor, pero tengo que pedirle que vuelva al cuarto”. Me paró en seco otro agente, a penas a unos pasos de donde ellos se encontraban. “El Señor Cisneros se encuentra en un interrogatorio y por orden del sargento nos han pedido que lo retengamos en calidad de sospechoso, y como medida cautelar mientras continuamos la investigación”. Pálido y completamente asustado le dije que no podían retenerme, que no tenían pruebas de nada, que como era posible que Martín estuviera en un -interrogatorio especial- si era amigo del sargento, o del agente especializado. Pavor. Empecé a gritarle reclamos a Martín mientras el oficial me llevaba de vuelta a la fuerza, con las manos en la espalda. Apresado. Esto no esta pasando. ¡Yo apenas vine hace unos días acá!. “En su teléfono se ha  encontrado evidencia que necesitamos verificar para definir si usted es responsable de la desaparición de Jimena Ortega” ¿Qué evidencia?¿De qué esta hablando?¡Suélteme!

Al momento de cerrar la portezuela de la celda preventiva, se acercó el agente especializado, quién resultó ser el sargento encargado de la estación. “Esto es una medida cautelar Señor, en su teléfono tiene unas fotografías recientes de la desaparecida” ¡Claro que las tengo!¡Son las que le mostré al dar la declaración!¡Y otra que nos tomamos el día que cenamos!”¿Y esta?” Me preguntó. y perplejo, observando mi teléfono, sin una idea de como era posible, había una imagen, un selfie,  dos cuerpos desnudos, abrazados, en un cuarto con luz tenue, en la imagen estaba Jimena y a quién abrazaba, era a mi.